Aurelio Pastor – Socio fundador de Aurelio Pastor & Abogados
Impulsor de la Ley 29419
A diecisiete años de la promulgación de la Ley 29419, el Perú tiene la obligación de hacer una reflexión seria sobre el verdadero lugar que ocupa el reciclaje dentro de nuestra economía y dentro de nuestra visión de futuro como país. Porque lo que en algún momento fue visto únicamente como una actividad marginal vinculada a la recolección de residuos, hoy se ha convertido en una pieza fundamental de la llamada economía circular, uno de los grandes paradigmas económicos y ambientales del siglo XXI.
La Ley 29419 representó un avance histórico porque permitió reconocer oficialmente al reciclador como actor ambiental y social. Durante décadas, miles de hombres y mujeres realizaron esta labor en condiciones extremadamente difíciles, sin protección, sin formalización y muchas veces sin ningún tipo de reconocimiento del Estado. Sin embargo, las ciudades se beneficiaban diariamente de su trabajo silencioso: menos residuos, más materiales recuperados y menor contaminación.
El reciclador cumple una función que muchas veces el propio Estado no podría asumir solo. Recupera valor económico donde otros solo ven desperdicio. Cada kilo de plástico, cartón, vidrio o metal que vuelve al sistema productivo evita contaminación, reduce presión sobre los recursos naturales y disminuye costos ambientales que finalmente terminan pagando las propias ciudades.
Pero también es verdad que después de diecisiete años los avances siguen siendo insuficientes. El Perú tiene alrededor de 180 mil recicladores y apenas una pequeña parte se encuentra formalizada. La informalidad continúa siendo el principal problema estructural del sector. Miles de personas siguen trabajando sin seguros, sin herramientas adecuadas, sin protección sanitaria y expuestas diariamente a delincuencia, contaminación y enfermedades.
A ello se suma otro problema grave: la intermediación abusiva. En muchos casos, quien realiza el trabajo más duro recibe el menor beneficio económico de toda la cadena de reciclaje. Por eso resulta indispensable fortalecer la asociatividad y permitir que los recicladores tengan mayor capacidad de negociación y acceso directo a mercados formales.
Sin embargo, el gran cambio de fondo no es solamente social. Es económico. El mundo está cambiando rápidamente hacia modelos sostenibles. Las grandes ciudades, las industrias y los mercados internacionales empiezan a exigir estándares ambientales cada vez más altos. La lógica de “usar y botar” está agotándose. Hoy la economía moderna busca reutilizar, reaprovechar y reincorporar materiales al sistema productivo.
Y allí el reciclador deja de ser visto únicamente como alguien que recoge residuos. Se convierte en un actor estratégico de la nueva economía verde.
Por eso el Perú necesita entender que la economía circular ya no es únicamente un tema ambiental. Es también una enorme oportunidad económica. Puede generar empleo, innovación, emprendimientos y nuevas industrias. Pero para lograrlo se requiere decisión política, municipalidades comprometidas, educación ambiental ciudadana, inversión en infraestructura y modernización tecnológica.
El reciclaje del futuro ya no funciona solamente con triciclos y esfuerzo manual. Hoy existen sistemas de trazabilidad, aplicativos, logística inteligente, compactación moderna y clasificación automatizada. El Perú no puede quedarse atrás.
Las ciudades modernas no son aquellas que más consumen, sino las que mejor reutilizan sus recursos. Y en ese desafío, el reciclador no debe seguir siendo invisible. Debe convertirse en protagonista de una nueva etapa del desarrollo peruano: más limpia, más sostenible y también más humana.